La Guardiana del Farol

En la isla más pequeña del mar más manso vivía una guardiana de faro no más alta que una taza de té. Se llamaba Pim, y su farol no era mayor que el ala de una luciérnaga.

Cada tarde, al anochecer, Pim subía su diminuta escalera de caracol y encendía la mecha con un solo suspiro suave. La llama temblaba, se serenaba, y Pim se sentaba a su lado, las rodillas contra el pecho, mirando cómo el agua oscura pasaba de plata a tinta.

*—Qué luz tan pequeña —*decía el viento al pasar por su ventana—. ¿Cómo podría ayudar a alguien?

Y Pim sonreía, porque había oído esa pregunta muchas veces.


Una noche llegó una tormenta como un gran animal gris, y el mar empezó a olvidarse de sí mismo. Las olas subieron donde no debían. El viento aulló con tres voces a la vez. Y allá fuera, más allá de las rocas, un pequeño barco pesquero perdió su rumbo.

Pim subió la escalera más rápido que de costumbre. Encendió su diminuta mecha, y la llama tembló, se serenó y se inclinó contra el cristal.

El pescador en su barco no veía los grandes acantilados. No veía el puerto. No veía siquiera sus propias manos. Pero a lo lejos, más pequeña que una estrella, vio una mota de oro cálido temblando en la oscuridad.

Giró su barco hacia ella.

Cuando llegó al puerto, empapado y temblando, preguntó a los isleños: —¿De quién es el farol que me guio a casa?

Y los isleños solo sonrieron, porque habían oído esa pregunta muchas veces.

Arriba, en su torrecita, Pim ya se había acurrucado junto a su mecha, medio dormida. La llama le susurraba, como siempre hacía al final de una larga noche.

*—¿Ves? —*dijo—. Hasta una luz pequeña es una clase de promesa. Y las promesas, cumplidas con fidelidad, nunca son pequeñas.

Pim bostezó. El mar, fuera, volvió a quedar en silencio. El viento, por una vez, no tuvo nada que decir.

Y en algún lugar, muy lejos, un pescador les contaba a sus hijos la historia de una estrella que había bajado al agua solo para llevarlo a casa.

Que descanses, pequeña. Tu luz también es suficiente.

← volver a todas las historias